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SE DEBE ACORDAR UNA IMPLEMENTACIÓN RAZONABLE EN EL TIEMPO.

FREDICA 15-1-2016.


El Diario Oficial de las Comunidades Europeas, publica en su número L10,  la Decisión 2016/34 del Parlamento Europeo, mediante la cual se constituye una comisión para investigar si la Comisión Europea y los Estados Miembros aplicaron de manera errónea la normativa sobre control de emisiones por los vehículos automóviles.


Esta comisión de investigación nace después de la petición realizada por 283 parlamentarios europeos, y trata de investigar por una parte, si la Comisión Europea no realizó de manera conveniente el examen de los ciclos de ensayos utilizados para realizar el control de  las emisiones. Investigar igualmente si existió inacción por parte de la Comisión y de los Estados Miembro sobre supervisión en esta materia. Como investigar si los estados miembros tenían información sobre estos incumplimientos.


Esta comisión de investigación, que estará compuesta por 45 miembros,  tendrá que emitir un informe en el plazo de seis meses y plantear medidas de actuación.


Toda esta polémica surge esencialmente a raíz de los problemas derivados del caso Volkswaguen, y curiosamente, la constitución de la Comisión coincide con el estallido de un nuevo caso de problemas con el control de emisiones de la francesa Renault.


Desde el sector de la industria europea del automóvil, a través de su organización ACEA, se ha manifestado en reiterada ocasiones los avances realizados en la industria automovilística a favor de la reducción de las emisiones, así como su compromiso en la lucha contra el cambio climático. No obstante este esfuerzo, que ha permitido reducciones históricas en consumo y emisiones en un periodo de veinte años, y que ha permitido a la Unión Europea situarse entre las economías más limpias a nivel global, muy por debajo de las principales potencias económicas competidoras, como los Estados Unidos y China, el esfuerzo parece poco. Cada año, las autoridades europeas realizan presiones a fin de que la industria siga invirtiendo y rebajando los niveles de emisión.


Sin embargo, la cuestión comienza a convertirse en problema cuando los fabricantes comienzan a realizar compromisos difícilmente asumibles. Tal vez, la industria europea del automóvil no ha sabido explicar y paralizar unas exigencias que no se corresponden con la realidad, salvo que se quiera dar un giro copernicano y abocar al sector europeo del automóvil al cambio radical a favor de las tecnologías favorecedoras del nivel de emisiones cero.  Una apuesta inmediata de tal calibre implicaría sin duda la quiebra del sector europeo.


Que el sector tiene que se seguir por el camino de la excelencia en cuanto a las reducciones de emisiones y la aplicación de la nueva tecnología es más que evidente, pero también es cierto que los cambios no pueden realizarse de manera brusca. Bien al contrario el sector debería dejar de ser permanentemente complaciente a los requerimientos realizados por los políticos y plantear una agenda razonable de adaptación, que permita, a la vez que amortizar las millonarias inversiones realizadas, avanzar hacia un cambio en la movilidad a favor de tecnologías limpias pero en plazos razonables.


No es un objetivo fácil cuando la presión política y de ciertos sectores sociales es de permanente hostilidad contra el automóvil, hostilidad que es contra el vehículo privado y su uso y que probablemente incluso con emisiones cero continuaría existiendo, pero es labor de la industria del automóvil europea, que tiene un peso brutal en el desarrollo económico y social de nuestra región, defender postulados que sean razonables ya que lo que se plantea en el futuro, pese a estas posturas hostiles, favorecerán al sector (vehículo autónomo, autonomía, interconexión…). Su peso y su importancia tienen que hacerse sentir en Europa y en el mundo. De no ser así, la repetición de casos como los acontecidos van a ser una constante en los próximos años y la ruina y pérdida del sector vendrá por esta vía y el desprestigio.


Para concluir, tal vez sea el momento de que, por parte de la industria del automóvil, se planteen propuestas de implementación de las nuevas tecnologías planteando a la Unión Europea plazos de adaptabilidad razonables, que permitan periodificar dicha adaptación al tiempo que no implique roturas traumáticas en el sector industrial y por ende a toda el sector del automóvil, pese a la presión que puedan plantear ciertos nuevos competidores. Para ello haría falta un acuerdo entre la industria del automóvil y las autoridades políticas para fijar programas con objetivos claros a medio y largo plazo, pero fundamentalmente criterios que no vayan contra la razón.


La industria del automóvil en el mundo, como sector industrial, realmente arranca cuando Henry Ford comienza a producir en masa el modelo Ford T, siguiendo las teorías de Taylor,  a penas hace un siglo. En Europa la auténtica comercialización se produce después de la II Guerra Mundial, apenas setenta años.  Con perspectiva histórica cien años es prácticamente nada en la historia de la humanidad y sin embargo los avances conseguidos en este periodo por la industria son apabullantes, acelerados ahora con la revolución tecnológica y digital. Corresponde a ésta importante industria explicar que se debe  avanzar conforme al dicho popular pero alterando su orden: sin pausa pero sin prisas.


Rafael Pombriego.

 
 
 
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